¿Debo escoger siempre que pueda alimentos integrales?

Para responder adecuadamente a esta pregunta, primero vamos a ver que nos aportan los alimentos integrales en comparación con su variante no integral.

La principal diferencia que existe entre ambos, consiste en que las variantes integrales tienen niveles más elevados de fibra que su variante no integral, y estos mayores niveles de fibra tienen los siguientes efectos:

1º Ayudan a reducir los niveles de glucosa tras la comida, bien reduciendo el ritmo de entrada de esta en el torrente sanguíneo, o creando una respuesta de insulina mayor y más temprana ante la misma cantidad de carbohidratos en la comida.

2º Aumenta la sensación de saciedad tanto durante la comida como después de ella, por lo que nos llenaremos antes, y seguiremos llenos más tiempo.

3º Acelera el tránsito intestinal.

4º Reduce la absorción de colesterol de la comida, y los niveles de colesterol circulantes.

5º Neutraliza compuestos posiblemente carcinogénicos de otros alimentos.

6º Puede inhibir la absorción de determinados minerales y vitaminas, especialmente cuando se consume en cantidades muy elevadas.

En principio, salvo por el último punto, podríamos pensar que los alimentos integrales van a ser por tanto siempre superiores respecto de su variante no integral, y en el vacío esto es cierto.

Sin embargo, en el contexto de una dieta equilibrada y bien construida (con cantidades grandes de verdura, proteína y grasas esenciales), la importancia de esto se reduce prácticamente a cero, ya que estos beneficios ya los estamos obteniendo de las otras partes de la dieta. No veremos beneficios adicionales en cuanto a control de la glucosa, y reducción del colesterol una vez alcancemos los 10-15 gramos totales de fibra en la comida, cantidades que podemos obtener de otras fuentes como la verdura, fruta o legumbres, sin contar con los beneficios que en estas áreas ya nos están aportando los niveles de proteína y grasas esenciales.

Además, consumir más fibra de la que necesitamos, aparte de poder conducirnos a deficiencias nutricionales por la inhibición de absorción de minerales y vitaminas, puede causarnos problemas digestivos como pesadez tras las comidas, indigestión y gases. También se ha observado que el consumo elevado y prolongado de fibra puede causar problemas hormonales en personas especialmente susceptibles, debido en parte a los déficits nutricionales que ya hemos visto, y a que la reducción de los niveles de colesterol puede llegar a ser demasiado grande y este es necesario para la síntesis de hormonas muy importantes para la salud como los estrógenos, testosterona, progesterona y DHEA.

Por tanto, como podemos ver el consumo de fibra nos aporta múltiples beneficios para nuestra salud, hasta cierto punto en el cual no nos va a beneficiar y puede incluso llegar a ser problemática. Y dado que el consumo de fruta, verdura, y legumbres es más beneficioso desde el punto de vista nutricional, especialmente en el contexto de una dieta de pérdida de peso, solemos incentivar más el consumo de fibra a través de estos medios que a base de cereales integrales y sus derivados (panes, galletas, harinas, etc).

Resumiendo, en el contexto de una dieta adecuada, elegir las opciones integrales de los alimentos no aportará beneficios adicionales para la salud. No obstante, en el contexto de una dieta con niveles inadecuados de verdura, proteína, grasas esenciales y fibra total, consumir variantes integrales de los alimentos tiene efectos positivos sobre la salud corrigiendo parte de las deficiencias de esta.

¿Cuánta fibra debería consumir al día y por comida?

En el umbral inferior, 10 gramos por cada 1000 Kcal consumidas, o 20 g totales si tus calorías totales son menores de 2000.

No se recomienda superar los 30 g por cada 1000 kcal diarias consumidas durante largos periodos de tiempo para evitar los problemas antes mencionados.

Si sueles quedarte con hambre tras una comida, o vuelves a tenerla rápidamente, tiende a niveles más elevados de fibra. Y viceversa, si tiendes a tener problemas tomando toda la comida que tienes que consumir, o tienes digestiones muy pesadas, mantén tus niveles de fibra en los umbrales inferiores recomendados.

También, si tienes problemas con la insulina, posiblemente encuentres beneficios en llegar a los umbrales más elevados de fibra al día.

Por comida, intenta llegar al menos a los 10-15 g totales de fibra en cada una de las comidas.

¿Tienen los alimentos integrales menos calorías que los no integrales?

No, basta con mirar la etiqueta de cualquier producto integral para ver que no es así, siendo a menudo el caso contrario, ya que las variantes integrales contienen la misma cantidad de los otros nutrientes que su variante no integral, más la fibra, que también aporta calorías al alimento. Hace unos años se pensaba que la fibra no contenía calorías absorbibles y dado que, si gastamos calorías en su digestión, el resultado neto de consumir más fibra sería negativo, reduciendo el contenido calórico total del alimento. Desgraciadamente esto no es así, la fibra si aporta calorías a la dieta, a razón de 2.2 kcal por cada gramo de fibra aproximadamente, incrementando el contenido calórico total del alimento en cuestión.

A pesar de esto, los alimentos integrales son más normalmente más saciantes y en muchos casos llevaran a una reducción espontanea del consumo calórico total en algunas personas, así que incluirlos en tu dieta puede ayudarte a reducir las calorías totales si te ayudan a mantener más saciado durante más tiempo.

¿Cuándo debo escoger un alimento integral frente a su variante no integral?

1-Cuando prefieras el sabor, textura o consistencia de un alimento integral.

2-Cuando te quedes con hambre tras una comida, o vuelvas a tenerla rápidamente. Si esto ocurre, contacta con nosotros para que hagamos los ajustes necesarios.

3-Si tienes problemas de control de la insulina o triglicéridos elevados, es posible que veas beneficios eligiendo siempre que puedas variantes integrales.

4-Si por algún motivo no vas a poder ajustarte al plan de comidas que te hemos elaborado por que tengas que comer fuera de casa o no puedas prepararte la verdura suficiente para esa comida, elige variantes integrales de los alimentos que si vayas a poder consumir para alcanzar o aproximarte lo máximo posible a los 10-15 gramos recomendados por comida.

¿Hay circunstancias en las cuales debería evitar los alimentos integrales o muy altos en fibra?

Si, si tienes alguno de los siguientes problemas:

1.Te sientes muy hinchado y pesado después de la comida.

2.Tienes digestiones muy pesadas y problemas digestivos, especialmente después de comidas altas en fibra como las legumbres.

3.Tienes déficits nutricionales de algún mineral como el hierro.



Por Francisco Martínez 12 de marzo de 2026
-Movimientos Fundamentales en el Entrenamiento de Fuerza Considerando los principios analizados anteriormente, los movimientos fundamentales que componen un sistema de entrenamiento de fuerza integral son los siguientes: Empujes: Ejercicios del tren superior donde se aplica fuerza en dirección opuesta al cuerpo. Tracciones: Ejercicios del tren superior donde la fuerza se dirige hacia el cuerpo. Triple extensión: El patrón de movimiento fundamental para el desarrollo del tren inferior. Las "Flexiones": Patrones que completan la movilidad y fuerza estructural, estás son la flexión de tobillo, rodilla, cadera y tronco. Al trabajar estos patrones —en los que se profundizará en futuras publicaciones— se cubre prácticamente la totalidad del sistema musculoesquelético, quedando fuera únicamente áreas muy específicas como el cuello y las muñecas. -Criterios Técnicos y otros Movimientos Existen autores que incluyen patrones como la rotación o la ambulación (desplazamientos); sin embargo, desde una perspectiva técnica rigurosa del entrenamiento de fuerza, estos podrían no pertenecer a esta categoría principal si no cumplen con los siguientes requisitos: . La producción de fuerza debe ser el factor limitante. . El movimiento idealmente debe ser cíclico y poseer fases concéntricas y excéntricas claramente diferenciadas. -El Enfoque Funcional y Evolutivo Esto no significa que movimientos como caminar, correr o lanzar sean irrelevantes. Al contrario, desde un punto de vista funcional, el ser humano es la especie más optimizada para: Caminar y correr a dos patas. Lanzar objetos. Aunque estas capacidades son esenciales y deben incluirse en la actividad física de otras maneras, no son las más idóneas para aplicar estrictamente los principios del entrenamiento de fuerza analizados.
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El Entrenamiento de Fuerza Efectivo: Especificidad y Generalidad Una vez definido qué es el entrenamiento de fuerza, es fundamental comprender y expandir los conceptos que integran un entrenamiento verdaderamente efectivo. Para ello, partiremos de dos ideas fundamentales que, aunque parezcan contradictorias, se complementan entre sí: la especificidad y la necesidad de generalidad. 1. El Principio de Especificidad El entrenamiento de fuerza produce un efecto específico tanto en el patrón de movimiento que se practica como en la musculatura implicada. Aunque en ocasiones pueda existir un impacto global, la mayoría de las adaptaciones se limitan a los sistemas directamente involucrados en el ejercicio realizado. 2. La Necesidad de Generalidad Debido a esa especificidad, surge la necesidad de la generalidad por tres razones principales: Funcionalidad diaria: En nuestra vida cotidiana requerimos ejecutar múltiples patrones de movimiento para ser efectivos. Por tanto, nuestra programación debe incluir una amplia variedad de ejercicios que cubran la mayor cantidad de musculatura posible. Beneficios fisiológicos y metabólicos: Los efectos positivos del entrenamiento —como la mejora de la sensibilidad a la insulina, la reducción de la presión sanguínea y el fortalecimiento del sistema inmunológico— dependen de la estimulación de los tejidos implicados. Para maximizar estos beneficios a nivel sistémico, es necesario entrenar el cuerpo de forma integral y no limitarse a partes aisladas. Prevención de lesiones: Un desarrollo equilibrado de toda la musculatura es una necesidad crítica para evitar desequilibrios y prevenir lesiones. En resumen, para obtener el máximo provecho del entrenamiento de fuerza, debemos buscar un equilibrio que respete la especificidad de cada movimiento pero que, en su conjunto, ofrezca una estimulación general y completa de todo el organismo.
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¿Qué es (y qué no es) el Entrenamiento de Fuerza? A pesar de la popularidad de los beneficios de la fuerza, persiste una notable confusión sobre su definición técnica. En ocasiones, esta ambigüedad proviene de traducciones imprecisas de la literatura anglosajona; en otras, de una falta de rigor conceptual. Para obtener resultados, es imperativo entender qué constituye realmente un entrenamiento de fuerza efectivo. El Concepto de Factor Limitante El entrenamiento de fuerza se define como un conjunto de acciones ordenadas destinadas a mejorar la capacidad de producir fuerza, es decir, nuestra habilidad para resistir o desplazar una carga. Sin embargo, para que este sea efectivo, la producción de fuerza debe ser el factor limitante de la actividad. Esta distinción es fundamental para clasificar correctamente los ejercicios, pongamos algunos ejemplos: El caso del Ciclismo: Aunque generalmente se considera una actividad cardiovascular, subir una pendiente con una resistencia muy alta puede convertir a la fuerza en el factor limitante. En ese instante técnico, el ciclista está realizando entrenamiento de fuerza (aunque no sea el método más eficiente debido al tipo de contracción). La paradoja de la Sentadilla sobre la cabeza (Overhead Squat): A pesar de utilizar cargas externas, para muchas personas el factor limitante en este ejercicio no es la fuerza de las piernas, sino el equilibrio o la movilidad articular. Si el ejercicio se detiene porque perdemos el equilibrio y no porque el músculo sea incapaz de producir más fuerza, no estamos ante un entrenamiento de fuerza puro. El Yoga como entrenamiento de fuerza: Ciertas posiciones estáticas o asanas de gran dificultad pueden verse limitadas por la fuerza muscular. En ese contexto específico, el yoga actúa como un entrenamiento de fuerza, aunque condicionado por un tipo de contracción estática. En definitiva, no es el nombre del ejercicio lo que define el entrenamiento de fuerza, sino el reto biológico que impone: si lo que te impide continuar es tu capacidad de generar tensión muscular contra una carga, estás entrenando fuerza. Es decir, el factor determinante a la hora de definir el entrenamiento de fuerza, no es tanto si usas pesas, o tú propio peso, si no, la intencionalidad de la actividad y que sea la fuerza el factor limitante en esa actividad. Una aclaración importante y necesaria, aquí estamos hablando de que es el entrenamiento de fuerza como uno de los elementos más importantes de nuestra receta de actividad física, pero eso no quiere decir que otro tipo de actividades no sean beneficiosas, y de hecho en otros momentos hablaremos de lo que llamamos entrenamiento de movimiento que engloba otra serie de acciones y ejercicios que entendemos sumamente beneficiosos pero que no pueden categorizarse como entrenamiento de fuerza per se, como ejercicios específicos de movilidad
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El Marco Temporal de Nuestra Genética Para utilizar esta brújula con precisión, debemos entender los tiempos de la biología: El origen: Nuestra especie, el Homo sapiens, tiene una antigüedad de entre 150.000 y 300.000 años. La fijación genética: Se estima que nuestro genoma quedó prácticamente fijado hace unos 40.000 años. La lentitud de la evolución: Un error común es validar hábitos porque "nuestros abuelos lo hacían" o porque se han practicado durante los últimos dos o tres mil años. Sin embargo, para la escala evolutiva, estos periodos son meros parpadeos. Nuestra genética sigue esperando los estímulos para los que fue diseñada hace decenas de miles de años. Ignorar este desfase entre nuestro entorno moderno y nuestras necesidades ancestrales es lo que genera la mayoría de las patologías actuales. Alinear nuestra vida con esos marcos temporales de referencia es la estrategia más sólida para recuperar la salud
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Mantener una perspectiva evolutiva no es solo un ejercicio teórico; es una herramienta de salvaguarda que nos permite evitar errores conceptuales que pueden comprometer seriamente nuestra salud. El Error de la Perspectiva a Corto Plazo A menudo olvidamos lo volátiles que pueden ser las recomendaciones "oficiales". Hace apenas unas décadas, parte de la profesión médica consideraba que el esfuerzo físico intenso era peligroso, bajo la premisa de que elevar las pulsaciones y la presión sanguínea de forma aguda resultaba dañino. Esta visión ignoraba milenios de historia humana y el legado de culturas precedentes que siempre entendieron el movimiento como un pilar fundamental del vigor. Si bien es fascinante comprender los mecanismos biológicos —como la mejora de la sensibilidad a la insulina o la regulación de la tensión arterial a largo plazo—, el usuario común no necesita ser un experto en fisiología. Le basta con consultar su brújula evolutiva para tomar decisiones acertadas
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Qué quiere decir la ley de las condiciones de la existencia? Es una idea muy sencilla que, lamentablemente, perdemos de vista a menudo: un ser vivo se adapta a las condiciones en las que existe para poder vivir efectivamente en ellas; si esta situación se prolonga lo suficiente, esas condiciones empezarán a ser óptimas para dicho organismo. Como digo, es una idea que puede parecer simple, pero que solemos olvidar, especialmente hoy en día respecto a nosotros mismos. Podemos poner el siguiente ejemplo: Uno podría afirmar con contundencia que en las Islas Canarias se está mejor que en la Antártida. Una persona inocente y bienintencionada podría compadecerse de los pobres pingüinos y, si tuviese suficiente dinero, quizás emprendería la aparentemente noble tarea de llevarlos a todos a las Canarias. No obstante, como el lector seguramente supondrá, tal acción sería terrible para ellos. A pesar de que la Antártida parezca un lugar horrible para vivir, los pingüinos están adaptados para existir allí. Y no solo pueden sobrevivir a esas circunstancias, sino que estas son las óptimas para ellos; cualquier desviación de las mismas resultará nociva, en mayor o menor grado, para su organismo. Volviendo al tema que nos concierne, en el caso de los seres humanos, podríamos pensar que es positivo no tener que realizar tantos esfuerzos físicos hoy en día; que es una ventaja no tener que estar en pie, persiguiendo o rastreando nuestra siguiente comida, ni estar expuestos a los elementos o al hambre. Sin embargo, del mismo modo que trasladar a los pingüinos a las Canarias supondría un grave problema para su salud y supervivencia, para nosotros, esta situación de baja actividad física representa una seria amenaza. Así lo evidencia la gran cantidad de problemas de salud que nos asaltan en la actualidad. Por lo tanto, ante este escenario, se vuelve necesario tomar acciones conscientes encaminadas a corregir la antinaturalidad de nuestra situación. Como hemos mencionado, necesitamos el movimiento para mantener la salud, pues ha sido una constante desde que habitamos este planeta. Nuestro entrenamiento y nuestras acciones deben estar orientados a mejorar esta capacidad. Dicha capacidad de movimiento se manifiesta de dos maneras. Por un lado, debemos poseer la fuerza suficiente para realizar una acción al menos una vez; lo primero para poder caminar, por ejemplo, es ser capaz de mantenerse de pie y dar un paso. Este es el componente de fuerza del entrenamiento que proponemos. Por otro lado, necesitamos la capacidad de sostener esas acciones en el tiempo, que es donde cobra importancia la capacidad cardiovascular. El movimiento, por tanto, requiere fuerza y la facultad de realizarse de manera sostenida para ser efectivo. Además, no debemos limitarnos a la mera suficiencia para nuestras necesidades actuales, sino que debemos buscar un surplus que nos permita mantenernos plenamente operativos ante situaciones de enfermedad o conforme vamos envejeciendo.
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¿Es posible que te estés preguntando esto tras haber leído nuestros anteriores artículos? Tal vez te digas: «¿Por qué es tan importante tener un buen nivel de fuerza y capacidad cardiovascular para mejorar nuestra salud?». Si tomamos perspectiva, nos daremos cuenta de que aquello que realmente buscamos mejorar y preservar en sus niveles más elevados —y durante el mayor tiempo posible para potenciar nuestra salud y calidad de vida— no es ni más ni menos que nuestra capacidad de movernos. Nosotros, a día de hoy, antes de que acabemos todos conectados a máquinas, nos relacionamos con el mundo a través del movimiento. En mayor o menor medida, todos necesitamos movernos, al menos mínimamente, para poder operar eficientemente en nuestra vida. Esto conlleva una consideración práctica muy relevante: si en algún momento perdemos dicha capacidad de movimiento, no solo necesitaremos ayuda para realizar cualquier acción, sino que, además, la fisiología se ha adaptado a estas circunstancias. Al haber estado expuestos a la necesidad constante de movimiento, nuestra biología se ha optimizado no solo para realizar estas acciones de manera efectiva, sino también para obtener un beneficio intrínseco del propio movimiento, y su ausencia tendrá consecuencias negativas para nuestra salud. Una idea sobre la que volveremos repetidamente, y que siempre debemos tener presente al tratar cualquier aspecto del funcionamiento de un ser vivo es la «ley de las condiciones de la existencia» de Charles Darwin. Es uno de sus conceptos menos conocidos frente a su famosa teoría de la evolución, aunque probablemente sea incluso más importante y relevante en nuestro día a día
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