1. Explora todas las opciones posibles, hay más cosas además de pechugas de pollo.
Cuando pensamos en proteína magra, normalmente pensamos automáticamente en pechugas de pollo a la plancha o hervidas, y es algo de lo que es fácil cansarse con mucha rapidez. Pero tienes muchas otras opciones a la hora de introducir proteína en tu dieta, a nivel nutricional, cortes muy magros de ternera o cerdo son muy similares y prácticamente intercambiables, al igual que pescados blancos, o claras de huevo (estas ultimas especialmente batidas con un edulcorante, algo de cacao o canela, creando tortitas dulces son una opción alternativa que va muy bien con postres o en momentos en que no te apetezca algo salado.)
2. Incluye fuentes de proteína con más grasa haciendo hueco en tu total calórico diario.
A mucha gente no les resulta agradable la textura de las fuentes de proteína magras, pareciéndoles demasiado “secas”. Si ese es tu caso, reduce calorías de otra parte de tu dieta para poder incluir carnes con algo más de grasa que tendrán una textura más agradable.
3. Experimenta a la hora de cocinar, hay todo un mundo más allá del hervido y a la plancha.
Prueba distintas especias y medios de preparación. Por ejemplo, los sazonadores preparados que venden en la mayoría de los supermercados funcionan muy bien con la mayoría de las carnes y pescados, o mezcla la carne o el pescado troceado con un salteado de verduras para que absorba el sabor de otros alimentos.
Un pequeño truco para mejorar la textura y el sabor de carnes magras como el pollo o el pavo, es pedir en la carnicería que te piquen la carne o picarla tu mismo. Luego puedes mezclarla con especias y sazonadores y hacerte deliciosas hamburguesas con ellas.
4. Busca fuentes indirectas de proteína que incluir en tu dieta.
Por ejemplo, con yogures (especialmente los enriquecidos en proteína) que tienen cantidades significativas de proteínas de alta calidad, o consumiendo la mayor parte de los carbohidratos de tu dieta en forma de legumbres.
5. Utiliza suplementos de proteína
Son una forma fácil, conveniente, y relativamente económica de incrementar tu consumo de proteína y de tener una comida rápida de emergencia en algún momento si no tienes tiempo para cocinar. Además, su sabor dulce te permite tener otras opciones a la hora de meter proteína que no sean saladas, y puedes utilizarla para dar sabor a otros alimentos, como yogures o claras de huevo.











