Pérdida de peso en menores.

Puntos clave

- La obesidad y el sobre peso infantil es un problema de salud muy grave para el menor de forma inmediata, y que va a afectar de manera muy negativa a el resto de su vida si no se soluciona con prontitud.

- Las causas de esta pueden analizarse a varios niveles, a nivel fisiológico, la causa es un exceso de consumo de energía en relación con su gasto. Este desbalance puede venir propiciado por problemas psicológicos o familiares y afrontar estos problemas será necesario para tener éxito en la resolución de esta peligrosa condición.

- Una dieta adecuada y que se ajuste a las circunstancias del menor y crezca con el es uno de los dos pilares fundamentales a la hora de afrontar este problema, debiendo prestarse especial atención a cubrir necesidades nutricionales esenciales para no entorpecer su crecimiento y desarrollo.

- Un programa de ejercicio adaptado al menor será el segundo pilar fundamental a la hora de conseguir corregir el sobrepeso del menor, permitiendo al menor perder la grasa que necesita sin tener que restringir su alimentación de forma que comprometa su normal desarrollo. Además, el ejercicio físico mejorará la autoestima del menor y ayudará a revertir posibles problemas cardio metabólicos existentes y multiplicar los efectos positivos de su dieta.

- El apoyo de su familia es tremendamente importante para tener éxito. Los padres además deben predicar con el ejemplo y no discriminar al menor haciéndole llevar una dieta muy diferente a la suya.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la sociedad actualmente es el de la obesidad infantil. En el mundo hay ya 124 millones de niños y jóvenes —entre cinco y 19 años— que sufren obesidad, 10 veces más que lo que se registraba hace cuatro décadas. En España el porcentaje de niñas y jóvenes con obesidad ha pasado del 2,3% al 8,2% y del 3,6% al 12% en niños desde 1975, por encima de la media mundial, es una condición que afectará negativamente a multitud de niños de todo el mundo a lo largo de toda su vida y debemos ponerle una solución lo antes posible

En este artículo veremos en que consiste la obesidad infantil, que riesgos supone, y cual es la mejor manera de intervenir ante este problema para asegurarnos que nuestros hijos tienen una vida larga y saludable.

Diagnosticando el problema de la obesidad infantil. ¿Tiene mi hijo sobrepeso?

La obesidad, la definimos como un exceso de grasa corporal, sin embargo, los métodos disponibles para la medida directa de la grasa corporal pueden presentar problemas graves, ya que los más precisos suelen ser demasiado caros para emplearse, y los métodos más baratos no suelen ser demasiado precisos ni consistentes.

Por esta razón, la obesidad se suele valorar utilizando indicadores indirectos de la grasa corporal obtenidos a partir de medidas antropométricas sencillas. El que se utiliza con mayor frecuencia es el índice de masa corporal (IMC), que es el resultado de dividir el peso en kilogramos por la talla en metros al cuadrado (kg/m2), al igual que la circunferencia de la cintura.

En la actualidad se acepta que la obesidad infantil se define en función de los valores de IMC referidos a cada edad y sexo, unos valores por encima de 25 se considerarán como sobrepeso que precisa de intervención, y un valor superior a 30, como obesidad que debe ser corregida con aún más urgencia. Una circunferencia de cintura superior al 75% de la altura del menor, sería también considerada como signo de padecer obesidad.

¿Qué riesgos supone el sobre peso o la obesidad en un menor?

Los riesgos y problemas que genera son numerosos y a varios niveles:


·Psicosociales: Puede desencadenar en discriminación y exclusión social por parte de sus compañeros.

·Aceleración patológica del crecimiento: Pudiendo provocar una menarquía precoz.

·Trastornos en el sistema nervioso central provocando lo que se conoce como pseudotumor cerebral o también conocido como hipertensión Endo craneana idiopática.

·Trastornos en el aprendizaje: Los menores con sobrepeso son más propensos a tener problemas de rendimiento académico que menores con un peso saludable.

·Respiratorio: provocando la aparición de apnea durante el sueño y otros trastornos respiratorios por mayor susceptibilidad a sufrir infecciones.

·Cardiovascular: La obesidad y el sobre peso se asocia, sobre todo en los adolescentes, con tensión arterial elevada, concentraciones de lípidos y lipoproteínas anormales y elevación de la insulina plasmática. También se trata de una población con riesgo elevado de presentar enfermedades cardiovasculares en la vida adulta causando hipertrofia cardíaca e incrementando el riesgo de muerte súbita.

·Ortopédico: puede causar malformaciones en los huesos del menor.

·Metabólico: Aumenta la resistencia a la insulina, pudiendo desembocar en diabetes de tipo II, y gota entre otras enfermedades.

·Hormonales: Causando perturbaciones en los niveles de hormonas sexuales, que pueden desembocar en la aparición de ginecomastia en varones (aparición de mamas) o síndrome de ovario poliquístico en mujeres (un trastorno metabólico y hormonal que puede causar la aparición de bello corporal y facial en mujeres, así como infertilidad)

·Mayor riesgo de sufrir cáncer y menos posibilidades de sobrevivir a uno.

Existe además un riesgo añadido, y es que la obesidad en menores puede tener consecuencias para toda la vida de la persona afectada. Los niveles de grasa corporal que el cuerpo humano entiende necesarios para su supervivencia, vienen fuertemente determinados por factores genéticos (que no podemos cambiar) y epigenéticos, que si podemos cambiar pues responden a cambios en el entorno. Existe una ventana limitada en el tiempo del momento en que podemos afectar este termostato, determinando el nivel de grasa hacia el que la persona tenderá a gravitar de forma natural a lo largo de su vida. Esta ventana según muestra la evidencia científica actual se cierra durante la mitad de la adolescencia.

Por lo tanto, un menor que permanezca en una condición de sobrepeso a lo largo de su niñez y adolescencia va a experimentar durante toda su vida una dificultad mucho mayor de perder grasa y mantener un peso saludable que le va a exponer a todos los riesgos asociados con la obesidad y el sobrepeso que hemos visto, magnificados aún más durante la edad adulta y especialmente en la vejez.

Por otro lado, si intervenimos lo suficientemente pronto y devolvemos al menor a unos porcentajes de grasa saludables lo más pronto posible, podremos “programar” a su cuerpo para que gravite hacia unos niveles de grasa saludable de forma natural, facilitándole mantener una composición corporal saludable durante el resto de su vida.


¿Cuál es la causa de la aparición de sobrepeso u obesidad en un menor?

Existen factores genéticos, así como algunas enfermedades que pueden predisponer al menor a sufrir esta condición, en este último caso, una intervención farmacológica puede eliminar o al menos reducir significativamente los síntomas relacionados.

Al margen de estas condiciones, que son mucho mas raras de lo que se suele pensar, pueden existir otras causas a otros niveles ( http://www.kaizenepn.es/articulos/la-causa-de-la-obesidad ), especialmente a nivel psicológico, es posible que el menor esté intentando calmar su ansiedad o reducir sus niveles de estrés a través de la comida o lidiar con problemas emocionales a través de esta, y en estos casos será necesario también ayuda psicológica para solucionar estos problemas subyacentes que están provocando este comportamiento disfuncional y dañino.

También el entorno es un factor que contribuye mucho a la obesidad infantil, si los padres del menor tienen una dieta poco adecuada y son sedentarios, es muy probable que el menor también aprenda esos hábitos poco saludables de su entorno y termine desarrollando esta condición. En estos casos, que la familia entera se enfrente al problema de manera conjunta multiplicará las probabilidades de éxito de todos y ayudará al menor a tener una actitud más positiva respecto de la actividad física y llevar una correcta alimentación.

Más allá de estos escenarios, en este artículo nos vamos a centrar en factores biológicos y directamente influenciables por cambios en el estilo de vida. A este nivel de análisis, la principal causante de una condición de sobrepeso u obesidad es un desbalance prolongado en el tiempo de la cantidad de energía que el menor consume a través de la comida y su gasto calórico.

Es decir, el menor esta de forma frecuente, comiendo más de lo que necesita para abastecer sus necesidades energéticas diarias, y este exceso de energía se ha ido acumulando poco a poco en forma de grasa corporal hasta llegar a la condición actual.

Esas condiciones genéticas o enfermedades pueden afectar tanto a la partición de las calorías ingeridas, como a la capacidad del menor para gastar energía, pero la causa de la ganancia de peso siempre va a ser un exceso de consumo de energía en relación al gasto que realiza el menor.

Junto a este concepto, debemos hablar de la idea de “partición nutricional”, que hace referencia a la función a la que el cuerpo destina la energía que recibe, así como el lugar del que obtiene energía para funcionar.

Idealmente, buscaremos que el cuerpo “particione” la energía que recibe hacia el tejido magro del menor en desarrollo: Sus huesos, músculos y demás órganos, así como a moverse, haciendo que la persona se sienta enérgica y motivada para realizar las acciones de su día a día; en lugar de hacia el tejido graso, que como ya sabemos, cuando alcanza un volumen excesivo provoca numerosos problemas.

La mejor manera de mejorar esta partición, es tener una dieta adecuada y variada que cumpla las necesidades energéticas y nutricionales del menor (sin excederlas), y realizar actividad física frecuente y vigorosa.

Por tanto, podemos concluir que el sobrepeso del menor, estará siendo causado por un problema en su alimentación, o falta de actividad física, o una combinación de ambas.

¿Cuál es la mejor manera de conseguir que un menor pierda peso?

Es una cuestión muy delicada debido a que hay que equilibrar dos factores que son hasta cierto punto contradictorios:

1-Primero, para que el menor pierda grasa y evitemos todos los problemas que el sobrepeso supone, tenemos que revertir este desbalance energético en la otra dirección, haciendo que el menor gaste más energía de la que consume.

2-Segundo, para que el menor continúe desarrollándose con normalidad, debe consumir suficiente energía y nutrientes para tener la materia prima que necesita para seguir creciendo.

Los menores tienen una ayuda adicional a la hora de perder peso que los adultos no tienen, sus elevados niveles hormonales. Con estos, su cuerpo asegura que haya suficiente energía disponible (ya sea obtenida de la comida, o movilizando energía ya acumulada en forma de grasa) y maximiza la eficiencia en la utilización de nutrientes. Además, el propio proceso de crecimiento requiere una cantidad de energía bastante grande, lo que facilitará que el menor pierda grasa si las circunstancias son las adecuadas.

Para maximizar nuestras posibilidades de éxito, debemos abordar el problema desde dos frentes diferentes

- El frente nutricional

Para que un menor continúe su desarrollo de forma normal, necesita fundamentalmente 2 cosas:

·Suficiente energía, que, en el caso del menor con sobrepeso, tiene de sobra en la forma de grasa corporal, y salvo en algunos casos de problemas genéticos o enfermedades metabólicas, puede acceder a ellos con facilidad gracias a sus niveles hormonales para abastecer sus necesidades energéticas.

·Suficientes nutrientes, en esta categoría entrarían todas las materias primas necesarias para el crecimiento del menor y demás elementos necesarios para que su cuerpo funcione correctamente. Aquí, nos encontramos con:

1-Proteína: Todas las estructuras del cuerpo que no son grasa corporal están hechas principalmente de proteínas. Además, también son necesarias para la producción de la mayoría de hormonas y enzimas del cuerpo. Consumir una cantidad adecuada de proteínas de alta calidad es de vital importancia para el correcto desarrollo de un menor. Ya que las proteínas pueden ser consumidas como energía en condiciones de poca disponibilidad energética, el menor que necesite perder peso deberá consumir una cantidad de proteína mayor para asegurarnos de que tiene la suficiente cantidad disponible para el crecimiento. Además, una dieta alta en proteínas tiene otras ventajas (vuelve pronto para leer nuestro próximo artículo en el que hablaremos de las ventajas de tener suficientes niveles de proteínas en tu dieta)

2-Ácidos grasos esenciales, son los llamados Omega 3 y 6, muy importantes debido a su papel en la modulación del sistema inmune y hormonal, así como la formación del cerebro y del resto del sistema nervioso del menor.

3-Minerales, necesarios para el crecimiento y correcta formación del sistema oseo y buen funcionamiento del sistema muscular, mereciendo especial atención el calcio, magnesio y potasio.

4-Vitaminas y fitonutrientes, imprescindibles para la realización de todos los procesos biológicos que se producen en el cuerpo.

La mejor manera de asegurar que el menor reciba todos los nutrientes necesarios, es a través de una dieta equilibrada, variada y no restrictiva, entendiendo por ella una dieta que:

1-Incluya todos los grupos alimenticios en su justa medida: Carnes, pescados y derivados, lácteos, cereales, legumbres, frutas, verduras y hortalizas.

2-Aseguré una cantidad suficiente de proteínas y ácidos grasos esenciales.

3-Incluya multitud de fruta, verdura y hortalizas para proveer al menor de todos los minerales y vitaminas necesarios para su desarrollo.

4-Sirva a su vez para inculcarle unos hábitos alimenticios saludables que le vayan a servir para tener una vida larga y llena de salud.

La cantidad de energía y de nutrientes que el menor necesita para desarrollarse viene determinada en función de su edad, y su masa magra total (todo su peso que no es grasa). Dado que estos dos factores varían con rapidez, la dieta del menor debe ajustarse con frecuencia. Debido a esto y a la necesidad de que se ajuste perfectamente a las circunstancias del menor y sus niveles de actividad, es necesario que sea supervisada por un profesional que sepa como tratar a estas poblaciones.

- El frente de la actividad física

El déficit de energía creado a partir de la dieta, no debe ser demasiado grande para no perturbar el desarrollo del menor. Por esto, y para beneficiarnos de sus efectos sobre la partición nutricional, recomendamos que la mayor parte del déficit energético sea creado a partir de incrementos de actividad física.

Más específicamente, recomendamos actividad física vigorosa debido a sus efectos beneficiosos que tendrá sobre el desarrollo muscular y oseo del menor. Principalmente, a través de actividades dinámicas y juegos buscando siempre que el menor disfrute todo lo posible con la realización de actividad física. Es muy importante que intentemos que el menor disfrute realizando la actividad física para asegurarnos por un lado de que vaya hacer la cantidad suficiente para revertir su condición, y por otro sentar hábitos saludables de actividad física.

Es muy importante el apoyo psicológico al menor al inicio de un programa de actividad física por parte de su entorno más cercano. Muchos menores con sobrepeso tienen sentimientos negativos muy fuertes hacia la práctica de deporte debido a experiencias traumáticas relacionadas con su condición, así como que experimentarán una dificultad desproporcionada realizando determinadas acciones que otros niños de su edad pueden hacer sin problemas. Es altamente recomendable empezar con actividades que el menor pueda realizar con cierta facilidad y experimentar “éxitos” en su realización con frecuencia para motivarle a seguir esforzándose y evitar que desanime o pierda la motivación enfrentándose a un reto que ve imposible de superar.

En Kaizen solemos recomendar, especialmente a adolescentes, una combinación de entrenamiento de fuerza y cardiovascular en forma de juegos.

Por un lado, el entrenamiento de fuerza es completamente escalable a las capacidades del menor, y le permite superarse a sí mismo con frecuencia, motivándole a buscar superarse una y otra vez. Además, se ha demostrado que el entrenamiento de fuerza tiene efectos muy poderosos sobre los niveles de autoestima de los que lo practican, algo muy beneficioso para los menores que sufren de sobre peso. A parte de eso, ( visita nuestro siguiente artículo para aprender más acerca de como el entrenamiento de fuerza te ayuda a perder peso http://www.kaizenepn.es/articulos/fuerza-grasa ) el entrenamiento de fuerza tiene tanto para menores como adultos, un efecto multiplicador positivo en la tarea de perder grasa que otras formas de entrenamiento no tienen.

El componente de trabajo cardiovascular nos permite generar un déficit calórico más pronunciado, así como revertir problemas que puedan existir en el sistema cardiovascular del menor con sobre peso.

Preguntas frecuentes:

¿No es mejor esperar a que el menor sea mayor antes de ponerle a dieta?

Absolutamente no, como hemos visto la obesidad en menores puede tener consecuencias para toda la vida de la persona afectada. Un menor que pase la adolescencia con unos niveles de grasa corporal elevados, tendrá para toda su vida una dificultad significativamente mayor para tener unos niveles de grasa saludables que le expondrá a multitud de riesgos durante su vida adulta. Esto es cierto tanto si existen ya problemas cardio metabólicos en el menor o no.

¿Puedo poner a mi hijo una dieta de alguna revista o hecha para otra persona?

No, un menor necesita una dieta específicamente hecha para el atendiendo a sus circunstancias y niveles de actividad, y que se actualice y revise con frecuencia para asegurar que cumple los requisitos necesarios para no entorpecer su crecimiento.

¿Es recomendable que toda la familia se ponga a régimen junto al menor?

Aunque las cantidades de alimentos son específicas de cada persona, es altamente recomendable que toda la familia coma los mismos tipos de alimentos del menor para que no se sienta excluido o marginado, así como evitar que haya en la casa alimentos poco conducentes a una composición corporal aceptable y crear un entorno doméstico en el que la actividad física sea un elemento esencial de las vidas de sus miembros. El apoyo psicológico al menor por parte de su entorno cercano es vital para que este tenga éxito en su pérdida de peso.

¿Es peligroso que un menor entrene con pesas?

No, es un mito falso que el entrenamiento con pesas o la actividad física vigorosa entorpece el crecimiento, siempre que el menor este recibiendo la nutrición adecuada. No obstante, el entrenamiento de fuerza no se vuelve realmente productivo para el menor hasta que comienza la adolescencia, por carecer este del entorno hormonal adecuado para adaptarse correctamente a las demandas que este impone.

En cualquier caso, el entrenamiento de fuerza, correctamente realizado y supervisado por un profesional, es perfectamente seguro para menores y puede tener beneficios adicionales para los menores con sobre peso debido a su fácil escalabilidad y efectos positivos sobre la perdida de peso y formación del sistema oseo y muscular.




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