En la primera parte de este artículo, pudimos comprender la complejidad del dolor, aprendimos algunos términos importantes, factores relacionados, y sobretodo, recalcamos la necesidad de un acercamiento psicobiosocial.
Esta segunda parte la enfocaremos desde un punto de vista más práctico, a través de un ejemplo más que conocido por todos nosotros: el dolor de espalda (aunque puede ser aplicado igualmente a otros dolores musculo esqueléticos recurrentes). El objetivo principal será el de proporcionaros herramientas que podáis empezar a aplicar desde el mismo momento en que acabéis esta lectura en un problema tan común como es el dolor lumbar.
¿Cuáles son los acercamientos actuales hacia el dolor? Medicamentos y reposo, asociar los hallazgos en una prueba de imagen con dolor, cirugía…
El “me tumbo y me tomo”, la opción preferida por excelencia. Las recomendaciones de las guías MÁS ACTUALIZADAS sobre el dolor de espalda, sitúan la terapia farmacológica como segunda opción si las terapias NO FARMACOLÓGICAS no han sido eficaces, y en conjunción con estas, nunca de manera aislada. Además señalan que en el caso de decidir comenzar tomando alguna medicación debe ser la dosis MÍNIMA y durante el MÍNIMO tiempo posible.
Recomiendan EVITAR EL REPOSO ABSOLUTO. El reposo prolongado conlleva niveles más altos de dolor y discapacidad. Mantenerse activo es bueno para el dolor de espalda. Tienes que intentar progresivamente volver a tus actividades habituales y adaptarlas cuando sea necesario, nunca cambiarlas por pasarte todo el día tirado en la cama.
Está demostrado que la cirugía y los tratamientos farmacológicos no son mejores que el ejercicio a largo plazo. ¡LA PRIMERA OPCIÓN DEBE SER EL EJERCICIO!
Algunas conclusiones extraídas de las más recientes guías de práctica clínica basadas en la última evidencia en dolor lumbar (THE LANCET 2018):
1)Mantente ACTIVO. Evita la ausencia laboral. La primera elección de tratamiento debe ser NO FARMACOLÓGICA
2)Las pruebas de imagen solo deben realizarse si el médico sospecha que existe alguna condición que requiere un tratamiento diferente. Rara vez son necesarias y pueden ser contraproducentes (efecto nocebo).
Para determinar la necesidad de una prueba de imagen, el profesional sanitario realizará una exploración de la persona para descartar las denominadas “banderas rojas” (más sobre esto al final del artículo).
Como vimos en la primera parte de este artículo citando estudios en columna, hombro y rodilla, los hallazgos encontrados en pruebas de imagen NO TIENEN RELACIÓN DIRECTA CON EL DOLOR, NI SON INDICADORES PREDICTIVOS DE DOLOR FUTURO. Alrededor del 52% de personas de 30 años presentarán signos degenerativos en la columna si se realizan una resonancia. El porcentaje es aún mayor para personas de 50 años (entorno al 80% presentarán hernia, protrusión u otras degeneraciones discales), y para personas de 80 años (96%).
Observamos que la prevalencia de signos degenerativos aumenta con la edad, formando parte de un proceso normal de envejecimiento (igual que nos salen arrugas). NO TIENEN POR QUÉ SIGNIFICAR DOLOR, pérdida de funcionalidad y/o cirugía. El diagnostico a través de prueba de imagen debe ser tomado con precaución y solo ser realizado cuando haya otros síntomas de patología grave (red flags o banderas rojas).
Los pacientes que reciben su diagnóstico únicamente a través de prueba de imagen tienen mayor riesgo de dolor percibido y kinesiofobia (miedo al movimiento), lo que solo empeora su condición.
3)La cirugía y otras intervenciones tienen un papel muy pequeño, si es que lo tienen, en el tratamiento del dolor de espalda (inyecciones, fusión, etc). DEBEN SER LA ÚLTIMA OPCIÓN.
La evidencia científica ha demostrado que las hernias pueden reabsorberse de manera espontánea en pacientes con hernia discal, dolor lumbar y ciática que únicamente siguen un tratamiento conservador, incluso antes de 12 meses.
4)Las personas con dolor de espalda crónico DEBEN HACER EJERCICIO.
5)El dolor lumbar debe manejarse desde un marco BIOPSICOSOCIAL.
REFERENCIAS
Buchbinder, Rachelle et al. Low back pain: a call for action. (2018). The Lancet , Volume 391 , Issue 10137 , 2384 – 2388. DOI: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)30488-4











