¿Cuánto peso puedo perder como máximo en una semana? Es una pregunta que nos solemos encontrar con frecuencia, pero que es difícil contestar por el elevado número de variables que influyen en la pérdida de peso. En este artículo explicaremos de la forma más sencilla posible cuanto peso puedes esperar perder cada semana.

Puntos clave

· La cantidad de peso que pierdas dependerá de la severidad de la dieta y la adherencia a la misma, tu peso magro total, y tus niveles de actividad.

· Pérdidas de peso superiores a un 1,5% de tu peso total por semana son muy difíciles de conseguir de forma segura y sostenible. Se extremadamente escéptico si alguien te promete más que esto.

· En general, apuntar a una pérdida de peso semanal de alrededor de un 1% de tu peso total es el enfoque más sano y sostenible que puedes tener.

La cantidad de peso total que puedes perder en una semana, depende de dos grandes variables, que luego a la vez se ven influenciadas por numerosos factores, estas variables son, por un lado, tu consumo calórico total (es decir, la cantidad de comida que consumes), y por otro, tu gasto calórico. Si consumimos más calorías de las que gastamos, ganaremos peso, y en el caso que a nosotros nos interesa, si consumimos menos calorías de las que gastamos, estaremos perdiendo peso.

La primera variable depende exclusivamente de nuestro comportamiento a la hora de elegir, que y cuanto comer. Existen ciertos requerimientos de algunos nutrientes que debemos cubrir cada día, así que existirá un mínimo de comida que debemos consumir cada día para mantener nuestra salud.

La segunda variable, viene afectada por varios factores, tenemos primero, nuestro gasto calórico basal o en reposo, que es la cantidad de energía que gastamos solamente por estar vivos, y que en la mayoría de personas supone el mayor porcentaje de su gasto calórico total (solo en algunos atletas o personas con niveles de actividad muy elevados esta regla no se cumple), este viene determinado principalmente por la cantidad de peso magro que tengamos (todos los tejidos de nuestro cuerpo que no son grasa). Por otro lado, tenemos el efecto térmico de la comida, que consiste en las calorías que quemamos digiriendo alimentos, que dependerá principalmente de la cantidad total de comida y del tipo. Finalmente, tenemos el gasto calórico asociado a la actividad, tanto de forma estructurada a través de tus entrenamientos como con cualquier movimiento que realices a lo largo del día.

Veámoslo con un ejemplo, María, es una mujer de 40 años, que mide 1,60, pesa 65 kg, y de estos 65 kg un 35% es grasa. María va a entrenar 3 horas por semana, y tiene un trabajo en el cual permanece la mayor parte del día sentada.

En este caso, tenemos, por un lado, que el gasto calórico basal o en reposo de María, por sus niveles de masa magra, rondará alrededor de las 1280 calorías, lo que quiere decir, que si no hiciese otra cosa en todo el día que estar tumbada en la cama, estaría gastando esa cantidad todos los días.

Después tenemos el gasto calórico asociado a la actividad, en el caso de María, entrenando 3 horas por semana, y con unos niveles de actividad fuera del gimnasio relativamente bajos, gasta además 400 calorías adicionales cada día.

Esto nos da un total de 1580 calorías diarias, si María decidiese que quiere perder peso lo más rápido posible, no comiendo absolutamente nada (algo que no se debería hacer casi bajo ninguna circunstancia), generaría un déficit calórico semanal de 11.060 calorías. Vamos a asumir, para hacer el ejemplo lo más sencillo posible, que solo va a perder grasa dado que está haciendo entrenamientos de fuerza (en la práctica esto no ocurriría porque no esta consumiendo la suficiente proteína diaria). Un gramo de grasa, aporta al cuerpo 9 calorías.

Por lo tanto, María podría perder como máximo, unos 1,229 kilogramos totales de grasa en una semana. Seguramente perdería algo más de peso total, debido a pérdida de agua que se produciría pero que recuperaría inmediatamente al volver a comer con normalidad, pero como podemos ver, seria físicamente imposible que María perdiese realmente más grasa que estos 1,229 kg sin elevar drásticamente sus niveles de actividad, por lo que la próxima vez que veamos en un anuncio la promesa de perder 10 kg en una semana, sabremos sin temor a equivocarnos que se trata de un timo.

Sin embargo, no comer durante una semana sería muy peligroso, así que vamos a suponer que María acude a un nutricionista bien preparado, y le pide que le haga una dieta para perder peso lo más rápido posible porque quiere irse a un crucero pronto y lucir una figura envidiable durante sus vacaciones. Su nutricionista, después de valorarla, da el visto bueno al plan de María y elabora un plan nutricional para que esta pueda bajar de forma segura la mayor cantidad de peso posible. Para esto, el plan de comidas se basará exclusivamente en cubrir las necesidades nutricionales esenciales que necesita para vivir, con una dieta principalmente a base de proteína, y las vitaminas y minerales esenciales. Esto supondría consumir alrededor de 700 kcal diarias para una persona de las características de María, generando así un déficit calórico diario, de 880 kcal, que se traduciría en una pérdida de grasa semanal de 0,684 kilogramos totales.

Podemos decir teniendo todo lo anteriormente visto en cuenta, que la cantidad máxima de grasa que María podría perder de forma segura con sus niveles de actividad, serian 684 gramos de grasa semanales, que puede no parecer mucho, pero es una cantidad de grasa muy grande para una persona de su tamaño y que tendría un impacto visual muy grande en su figura.


Cambiando sus niveles de actividad, estas cantidades podrían incrementarse sensiblemente. Por ejemplo si María decidiese caminar 5 kilómetros adicionales todos los días, que es una cantidad bastante asequible, a las cantidades anteriores de grasa pérdida le estaría añadiendo casi 200 gramos adicionales de grasa perdida por semana.

Como podemos ver, la cantidad total de grasa total a perder en una semana de forma saludable, es muy poco probable que exceda del 1,5% total del peso de una persona.

Pero, ¡conozco a una persona que perdió muchísimo peso en una sola semana haciendo X dieta!

Las cantidades de las que estamos hablando son de grasa total, que es lo que debemos buscar perder exclusivamente durante una dieta ( http://www.kaizenepn.es/articulos/fuerza-grasa ). Si la dieta y el entrenamiento no están correctamente diseñadas se puede perder más peso en forma de tejido magro, ya que este contiene menos calorías por gramo, pero es algo como sabemos del todo indeseable que tendrá muchas consecuencias negativas para nosotros.

Además, cuando comienzas una dieta, especialmente una muy reducida en carbohidratos y o sodio, es habitual perder hasta 3 kg totales de agua en unos pocos días. Esta pérdida de peso es inmediata y revierte en pocos días cuando los carbohidratos o la sal vuelvan a incrementarse, por lo que no debemos considerarla una pérdida de peso real.

¿Puedo esperar perder peso de forma lineal cuando hago una dieta?

No, debido a que junto a la pérdida de peso se producen cambios en los niveles de retención de líquidos a lo largo del mes, que afectan al peso total que vemos en la báscula. Por ejemplo, cuando comienzas una dieta, especialmente una muy reducida en carbohidratos y o sodio, es habitual perder hasta 3 kg totales de agua en unos pocos días. Esta pérdida de peso es inmediata y revierte en pocos días cuando los carbohidratos o la sal vuelvan a incrementarse, por lo que no debemos considerarla una pérdida de peso real.

Igualmente, habrá momentos en que estemos perdiendo grasa a un ritmo elevado, pero nuestro cuerpo retenga más líquidos, es algo habitual en situaciones de estrés o si has comenzado recientemente a realizar entrenamientos de fuerza, pudiendo a veces enmascarar todo o parte de la pérdida de peso.

¿Es malo retener líquidos durante una dieta? ¿Es buena idea consumir diuréticos para evitar la retención de líquidos durante una dieta?

No, aunque pueda ser molesto no ver los cambios que queremos en la báscula, retener líquidos nos ayuda a perder más grasa de varias formas, por un lado, simplemente por pesar más, quemaremos más calorías al movernos, y por otro lado, mantenernos correctamente hidratados hará que nuestro cuerpo queme grasa de forma más eficiente.

Además, el consumo de diuréticos puede favorecer la aparición de déficits de minerales durante la dieta y deshidratarte, algo que puede tener repercusiones muy negativas para tu salud.

Muchos productos de pérdida de peso, no son más que diuréticos que provocan un cambio rápido en la báscula, pero este peso perdido no es ni permanente ni real.

Por Francisco Martínez 12 de marzo de 2026
-Movimientos Fundamentales en el Entrenamiento de Fuerza Considerando los principios analizados anteriormente, los movimientos fundamentales que componen un sistema de entrenamiento de fuerza integral son los siguientes: Empujes: Ejercicios del tren superior donde se aplica fuerza en dirección opuesta al cuerpo. Tracciones: Ejercicios del tren superior donde la fuerza se dirige hacia el cuerpo. Triple extensión: El patrón de movimiento fundamental para el desarrollo del tren inferior. Las "Flexiones": Patrones que completan la movilidad y fuerza estructural, estás son la flexión de tobillo, rodilla, cadera y tronco. Al trabajar estos patrones —en los que se profundizará en futuras publicaciones— se cubre prácticamente la totalidad del sistema musculoesquelético, quedando fuera únicamente áreas muy específicas como el cuello y las muñecas. -Criterios Técnicos y otros Movimientos Existen autores que incluyen patrones como la rotación o la ambulación (desplazamientos); sin embargo, desde una perspectiva técnica rigurosa del entrenamiento de fuerza, estos podrían no pertenecer a esta categoría principal si no cumplen con los siguientes requisitos: . La producción de fuerza debe ser el factor limitante. . El movimiento idealmente debe ser cíclico y poseer fases concéntricas y excéntricas claramente diferenciadas. -El Enfoque Funcional y Evolutivo Esto no significa que movimientos como caminar, correr o lanzar sean irrelevantes. Al contrario, desde un punto de vista funcional, el ser humano es la especie más optimizada para: Caminar y correr a dos patas. Lanzar objetos. Aunque estas capacidades son esenciales y deben incluirse en la actividad física de otras maneras, no son las más idóneas para aplicar estrictamente los principios del entrenamiento de fuerza analizados.
Por Francisco Martínez Naranjo 20 de febrero de 2026
El Entrenamiento de Fuerza Efectivo: Especificidad y Generalidad Una vez definido qué es el entrenamiento de fuerza, es fundamental comprender y expandir los conceptos que integran un entrenamiento verdaderamente efectivo. Para ello, partiremos de dos ideas fundamentales que, aunque parezcan contradictorias, se complementan entre sí: la especificidad y la necesidad de generalidad. 1. El Principio de Especificidad El entrenamiento de fuerza produce un efecto específico tanto en el patrón de movimiento que se practica como en la musculatura implicada. Aunque en ocasiones pueda existir un impacto global, la mayoría de las adaptaciones se limitan a los sistemas directamente involucrados en el ejercicio realizado. 2. La Necesidad de Generalidad Debido a esa especificidad, surge la necesidad de la generalidad por tres razones principales: Funcionalidad diaria: En nuestra vida cotidiana requerimos ejecutar múltiples patrones de movimiento para ser efectivos. Por tanto, nuestra programación debe incluir una amplia variedad de ejercicios que cubran la mayor cantidad de musculatura posible. Beneficios fisiológicos y metabólicos: Los efectos positivos del entrenamiento —como la mejora de la sensibilidad a la insulina, la reducción de la presión sanguínea y el fortalecimiento del sistema inmunológico— dependen de la estimulación de los tejidos implicados. Para maximizar estos beneficios a nivel sistémico, es necesario entrenar el cuerpo de forma integral y no limitarse a partes aisladas. Prevención de lesiones: Un desarrollo equilibrado de toda la musculatura es una necesidad crítica para evitar desequilibrios y prevenir lesiones. En resumen, para obtener el máximo provecho del entrenamiento de fuerza, debemos buscar un equilibrio que respete la especificidad de cada movimiento pero que, en su conjunto, ofrezca una estimulación general y completa de todo el organismo.
Por Francisco martínez 18 de febrero de 2026
¿Qué es (y qué no es) el Entrenamiento de Fuerza? A pesar de la popularidad de los beneficios de la fuerza, persiste una notable confusión sobre su definición técnica. En ocasiones, esta ambigüedad proviene de traducciones imprecisas de la literatura anglosajona; en otras, de una falta de rigor conceptual. Para obtener resultados, es imperativo entender qué constituye realmente un entrenamiento de fuerza efectivo. El Concepto de Factor Limitante El entrenamiento de fuerza se define como un conjunto de acciones ordenadas destinadas a mejorar la capacidad de producir fuerza, es decir, nuestra habilidad para resistir o desplazar una carga. Sin embargo, para que este sea efectivo, la producción de fuerza debe ser el factor limitante de la actividad. Esta distinción es fundamental para clasificar correctamente los ejercicios, pongamos algunos ejemplos: El caso del Ciclismo: Aunque generalmente se considera una actividad cardiovascular, subir una pendiente con una resistencia muy alta puede convertir a la fuerza en el factor limitante. En ese instante técnico, el ciclista está realizando entrenamiento de fuerza (aunque no sea el método más eficiente debido al tipo de contracción). La paradoja de la Sentadilla sobre la cabeza (Overhead Squat): A pesar de utilizar cargas externas, para muchas personas el factor limitante en este ejercicio no es la fuerza de las piernas, sino el equilibrio o la movilidad articular. Si el ejercicio se detiene porque perdemos el equilibrio y no porque el músculo sea incapaz de producir más fuerza, no estamos ante un entrenamiento de fuerza puro. El Yoga como entrenamiento de fuerza: Ciertas posiciones estáticas o asanas de gran dificultad pueden verse limitadas por la fuerza muscular. En ese contexto específico, el yoga actúa como un entrenamiento de fuerza, aunque condicionado por un tipo de contracción estática. En definitiva, no es el nombre del ejercicio lo que define el entrenamiento de fuerza, sino el reto biológico que impone: si lo que te impide continuar es tu capacidad de generar tensión muscular contra una carga, estás entrenando fuerza. Es decir, el factor determinante a la hora de definir el entrenamiento de fuerza, no es tanto si usas pesas, o tú propio peso, si no, la intencionalidad de la actividad y que sea la fuerza el factor limitante en esa actividad. Una aclaración importante y necesaria, aquí estamos hablando de que es el entrenamiento de fuerza como uno de los elementos más importantes de nuestra receta de actividad física, pero eso no quiere decir que otro tipo de actividades no sean beneficiosas, y de hecho en otros momentos hablaremos de lo que llamamos entrenamiento de movimiento que engloba otra serie de acciones y ejercicios que entendemos sumamente beneficiosos pero que no pueden categorizarse como entrenamiento de fuerza per se, como ejercicios específicos de movilidad
Por Francisco Martínez Naranjo 18 de febrero de 2026
El Marco Temporal de Nuestra Genética Para utilizar esta brújula con precisión, debemos entender los tiempos de la biología: El origen: Nuestra especie, el Homo sapiens, tiene una antigüedad de entre 150.000 y 300.000 años. La fijación genética: Se estima que nuestro genoma quedó prácticamente fijado hace unos 40.000 años. La lentitud de la evolución: Un error común es validar hábitos porque "nuestros abuelos lo hacían" o porque se han practicado durante los últimos dos o tres mil años. Sin embargo, para la escala evolutiva, estos periodos son meros parpadeos. Nuestra genética sigue esperando los estímulos para los que fue diseñada hace decenas de miles de años. Ignorar este desfase entre nuestro entorno moderno y nuestras necesidades ancestrales es lo que genera la mayoría de las patologías actuales. Alinear nuestra vida con esos marcos temporales de referencia es la estrategia más sólida para recuperar la salud
Por Francisco Martínez 18 de febrero de 2026
Mantener una perspectiva evolutiva no es solo un ejercicio teórico; es una herramienta de salvaguarda que nos permite evitar errores conceptuales que pueden comprometer seriamente nuestra salud. El Error de la Perspectiva a Corto Plazo A menudo olvidamos lo volátiles que pueden ser las recomendaciones "oficiales". Hace apenas unas décadas, parte de la profesión médica consideraba que el esfuerzo físico intenso era peligroso, bajo la premisa de que elevar las pulsaciones y la presión sanguínea de forma aguda resultaba dañino. Esta visión ignoraba milenios de historia humana y el legado de culturas precedentes que siempre entendieron el movimiento como un pilar fundamental del vigor. Si bien es fascinante comprender los mecanismos biológicos —como la mejora de la sensibilidad a la insulina o la regulación de la tensión arterial a largo plazo—, el usuario común no necesita ser un experto en fisiología. Le basta con consultar su brújula evolutiva para tomar decisiones acertadas
Por Francisco Martínez Naranjo 9 de febrero de 2026
Qué quiere decir la ley de las condiciones de la existencia? Es una idea muy sencilla que, lamentablemente, perdemos de vista a menudo: un ser vivo se adapta a las condiciones en las que existe para poder vivir efectivamente en ellas; si esta situación se prolonga lo suficiente, esas condiciones empezarán a ser óptimas para dicho organismo. Como digo, es una idea que puede parecer simple, pero que solemos olvidar, especialmente hoy en día respecto a nosotros mismos. Podemos poner el siguiente ejemplo: Uno podría afirmar con contundencia que en las Islas Canarias se está mejor que en la Antártida. Una persona inocente y bienintencionada podría compadecerse de los pobres pingüinos y, si tuviese suficiente dinero, quizás emprendería la aparentemente noble tarea de llevarlos a todos a las Canarias. No obstante, como el lector seguramente supondrá, tal acción sería terrible para ellos. A pesar de que la Antártida parezca un lugar horrible para vivir, los pingüinos están adaptados para existir allí. Y no solo pueden sobrevivir a esas circunstancias, sino que estas son las óptimas para ellos; cualquier desviación de las mismas resultará nociva, en mayor o menor grado, para su organismo. Volviendo al tema que nos concierne, en el caso de los seres humanos, podríamos pensar que es positivo no tener que realizar tantos esfuerzos físicos hoy en día; que es una ventaja no tener que estar en pie, persiguiendo o rastreando nuestra siguiente comida, ni estar expuestos a los elementos o al hambre. Sin embargo, del mismo modo que trasladar a los pingüinos a las Canarias supondría un grave problema para su salud y supervivencia, para nosotros, esta situación de baja actividad física representa una seria amenaza. Así lo evidencia la gran cantidad de problemas de salud que nos asaltan en la actualidad. Por lo tanto, ante este escenario, se vuelve necesario tomar acciones conscientes encaminadas a corregir la antinaturalidad de nuestra situación. Como hemos mencionado, necesitamos el movimiento para mantener la salud, pues ha sido una constante desde que habitamos este planeta. Nuestro entrenamiento y nuestras acciones deben estar orientados a mejorar esta capacidad. Dicha capacidad de movimiento se manifiesta de dos maneras. Por un lado, debemos poseer la fuerza suficiente para realizar una acción al menos una vez; lo primero para poder caminar, por ejemplo, es ser capaz de mantenerse de pie y dar un paso. Este es el componente de fuerza del entrenamiento que proponemos. Por otro lado, necesitamos la capacidad de sostener esas acciones en el tiempo, que es donde cobra importancia la capacidad cardiovascular. El movimiento, por tanto, requiere fuerza y la facultad de realizarse de manera sostenida para ser efectivo. Además, no debemos limitarnos a la mera suficiencia para nuestras necesidades actuales, sino que debemos buscar un surplus que nos permita mantenernos plenamente operativos ante situaciones de enfermedad o conforme vamos envejeciendo.
Por Francisco Martínez Naranjo 9 de febrero de 2026
¿Es posible que te estés preguntando esto tras haber leído nuestros anteriores artículos? Tal vez te digas: «¿Por qué es tan importante tener un buen nivel de fuerza y capacidad cardiovascular para mejorar nuestra salud?». Si tomamos perspectiva, nos daremos cuenta de que aquello que realmente buscamos mejorar y preservar en sus niveles más elevados —y durante el mayor tiempo posible para potenciar nuestra salud y calidad de vida— no es ni más ni menos que nuestra capacidad de movernos. Nosotros, a día de hoy, antes de que acabemos todos conectados a máquinas, nos relacionamos con el mundo a través del movimiento. En mayor o menor medida, todos necesitamos movernos, al menos mínimamente, para poder operar eficientemente en nuestra vida. Esto conlleva una consideración práctica muy relevante: si en algún momento perdemos dicha capacidad de movimiento, no solo necesitaremos ayuda para realizar cualquier acción, sino que, además, la fisiología se ha adaptado a estas circunstancias. Al haber estado expuestos a la necesidad constante de movimiento, nuestra biología se ha optimizado no solo para realizar estas acciones de manera efectiva, sino también para obtener un beneficio intrínseco del propio movimiento, y su ausencia tendrá consecuencias negativas para nuestra salud. Una idea sobre la que volveremos repetidamente, y que siempre debemos tener presente al tratar cualquier aspecto del funcionamiento de un ser vivo es la «ley de las condiciones de la existencia» de Charles Darwin. Es uno de sus conceptos menos conocidos frente a su famosa teoría de la evolución, aunque probablemente sea incluso más importante y relevante en nuestro día a día
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Por Francisco Martínez Naranjo 3 de febrero de 2026
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